martes, agosto 05, 2008

sólo un gato?

Sólo un gato?…

Después del trabajo llegué a mi casa con un cansancio de cuerpo y alma que venía arrastrando desde hace una, o quizás dos semanas atrás….Como por inercia me dediqué a realizar las labores habituales y a eso de las 10 de la noche me fui a la cocina, cuando sentí un ruido extraño que venía del patio y luego, el ruidoso alboroto de mis perras…
Los gatos nunca fueron santo de mi devoción. Sin embargo, siempre ha sido más fuerte mi sensibilidad hacia los animales…más aún si se encuentran indefensos…y cuando salí al patio a ver lo que ocurría, me encontré con un gato, de esos comunes y corrientes que andan de techo en techo, totalmente a merced de la Anastasia, una negra mestiza de labrador que no tenía ninguna intención de dejar escapar a su presa, y de la Isidora; una rubia cocker superactiva, que trataba de seguir el juego de la más grande…
El caso omiso a mis gritos no era de extrañar, pero igual les seguí gritando porque simplemente no podía evitarlo…mientras el animalito luchaba tan desesperado como yo, corrí a buscar lo único que se me ocurría podría evitar el obvio desenlace; la manguera…
Después de una buena mojada y seguramente por el frío, la Isidora dejó de encontrarle gracia al asunto y prefirió el retiro, pero la negra no cedió y el gatito seguía su lucha, a la par de mis inútiles intentos por ayudarle…
De pronto la perra tuvo un instante de debilidad y se escapó de lo que definitivamente era su peor pesadilla…el agua…
Quedamos el minino y yo frente a frente…y casi como una súplica se me salió un ahogado “ándate”…pero ni bien dio unos cuantos pasos, la Anastasia volvió para asegurarse de que el animalito no volviera a escapar de su dominio…lo persiguió hasta el fondo del patio…lo acechó, totalmente ajena a mí y al agua que todavía la perseguía constante …al pobrecito ya no le quedaban fuerzas y a mí los gritos se me habían apagado hacía rato… sólo me quedaba la angustia…
Después de un instante que pareció un siglo, mi perra dió por terminada la cacería y dejó el cuerpo inerte de su presa en la humedad de la tierra…
Ahí mismo, de pie en la oscuridad de la noche lloré amargamente durante un buen rato…
…Mi Anastasia, que volvía a ser la de siempre, no entendía el motivo de mi pena y me miraba queriendo acercarse, pero el chorro de agua seguía corriendo a mi costado, amenazador…
Entré en la casa y olvidé cualquier otra cosa que tuviera pensado hacer y me derrumbé en la cama…las lágrimas seguían cayendo sin parar…
Era un gato sin ninguna gracia especial… una cosa peluda como cualquier otra en este planeta, sin nombre importante, ni menos apellido, como muchos…pero no pude dejarlo abandonado a su suerte…y tampoco salvarlo…
Mis ojos están cansados y las lágrimas aún corren por mi rostro…sólo recuerdo la voz de mi niño que me dice “duerme tranquila mamá”…

2 comentarios:

Solo Viviana dijo...

Un paréntesis entre la música...

Selk'Nam dijo...

Creo que te enfrentaste o fuiste testigo de la naturaleza animal...

Un abrazo.